El cliente operaba una tienda online de la que dependían cada día cerca de 50 personas del departamento de atención al cliente, además de los propios compradores. Todo funcionaba sobre un único software, con un backend sin soporte y múltiples conexiones a sistemas externos e integraciones con la Hacienda foral.
En cada pico de tráfico —campañas, envíos de newsletter, momentos de alta demanda— la tienda se volvía inutilizable: ni los clientes podían comprar ni el equipo de atención podía trabajar. El cliente tenía equipo propio de desarrollo, pero ni las herramientas ni el conocimiento para diagnosticar el problema; y su proveedor de sistemas solo sabía responder añadiendo más recursos. La única salida que les ofrecían era pagar por un servidor enorme, sobredimensionado la mayor parte del tiempo.
Investigamos a fondo el software del cliente y los sistemas sobre los que corría. Trabajamos junto a su equipo de desarrollo y les dimos herramientas para localizar los cuellos de botella de su propio código, además de un sistema de despliegue automático y automatizado.
Configuramos una monitorización proactiva y migramos las cargas de trabajo a AWS, actualizando a la vez la tecnología del backend a versiones soportadas y con mantenimiento. Identificamos que el cuello de botella principal era la base de datos: en AWS la adecuamos para crecer de forma dinámica, ampliando recursos en los picos y reduciéndolos —junto a la factura— en los periodos de menor carga.
La tienda pasó a estar disponible sin interrupciones para clientes y para el equipo de atención en todo momento, con tiempos de carga menores y una disponibilidad que subió del entorno del 98% hasta el 99,99%.
En la práctica: más tranquilidad, clientes más satisfechos, un equipo menos estresado y una factura de infraestructura ajustada al uso real de la aplicación, sin pagar por capacidad que no se utiliza.